Elvira Lindo: «Yo tengo mi lugar en el mundo, no soy el reflejo de un hombre»

Elvira Lindo by Abel Lacruz

Elvira Lindo entrevistada por Abel Lacruz

Tras más de diez años en Nueva York, Elvira Lindo vuelve a España dispuesta a iniciar nueva etapa vital estrenando un céntrico apartamento en Madrid más práctico que su anterior casa: «Ahora mismo soy una homeless de lujo, vivo con mi hermana y no tengo casa porque están acabando las obras de mi nuevo piso». Durante más de una década ha vivido a caballo entre la ciudad de los rascacielos y Madrid. Asegura que para ella un hogar es algo muy importante pero no siente apego a las viviendas que ha ido dejando: «Desde pequeña me he mudado mucho por el trabajo de mi padre. Siempre he procurado que el sitio donde vivía fuera bonito y estuviera decorado con mucha personalidad pero luego, cuando decido que prefiero vivir en un nuevo barrio, no pienso ni una sola vez en la casa que acabo de vender». Junto a su marido, el escritor Antonio Muñoz Molina, se esfuerza en crear un hogar allá donde su profesión los lleva: «Nuestra vida es un poco nómada y nos gusta pasar tiempo fuera de España, era absurdo tener una casa que te da problemas y gastos».

Una de las dificultades que Elvira Lindo sufrió en los inicios de la relación con su marido fue el ser ignorada. Cuando en una entrevista le preguntan con excesiva insistencia sobre el escritor y miembro de la Real Academia Antonio Muñoz Molina, Elvira Lindo contesta con sorna: «Mira, yo te doy su e-mail y le pides una entrevista». Y es que la escritora siempre ha defendido su papel como profesional y como mujer independiente: «Yo tengo mi lugar en el mundo, no soy el reflejo de un hombre. Si alguien me ha obviado he hecho porque esa persona reparara en mí, he dicho ‘Hola, estoy aquí también, me llamo Elvira Lindo’, no solo por mi profesión sino porque soy una persona». La complicidad con su marido, considera, no debe confundirse con servidumbre: «Mi vida no está entregada a ser la esposa de un genio, no soy su secretaria, lo siento, no soy un personaje secundario». Ambos son escritores muy conocidos y apreciados que con frecuencia se han encontrado en situaciones curiosas: «Hay gente que se acerca y nos dice ‘Hola, me gustan más los libros que escribe ella que los que escribe él’ y nosotros contestamos ‘Da igual, son bienes gananciales’. Nos damos media vuelta y comentamos lo imprudente que pueden ser algunos».

«Yo puedo tener ansiedad incluso en un balneario»

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Elvira Lindo en el hotel Wellington de Madrid Foto: Abel Lacruz

Acerca de la ansiedad, dolencia que sobrelleva desde hace mucho tiempo, la autora afirma que sufrirla no depende del estrés propio de la gran ciudad: «Yo puedo tener ansiedad incluso en un balneario. En cambio puedo estar en Nueva York de aquí para allá y ese día soy completamente feliz. Es algo interior y, a mí, los sitios absolutamente tranquilos me pueden producir ansiedad». Quizás para llenar de actividad ciertos momentos de reposo, practica una de sus aficiones favoritas: la fotografía. En Instagram, bajo el nombre de usuario @lindesca, ha publicado decenas de imágenes de sus paseos por Nueva York y, durante el verano, varias fotos de sus vacaciones en la playa junto a su marido: «He compartido una serie de selfis humorísticos y la gente ha respondido muy bien. Me divierten más los comentarios de la gente que las fotos en sí».

«En moda, a determinada edad hay que soltarse»

En la gran manzana, donde Elvira Lindo vivió entre 2004 y 2015, exploró interesantes lugares como restaurantes o locales de jazz y descubrió también a mujeres de estilismos que oscilan entre la elegancia y la extravagancia: «En la Avendia Madison, la zona más pija, las jóvenes son homogéneas y aburridas. Lo más interesante son las señoras mayores porque si llevan un collar, se trata de un collarón; o si usan gafas, son gafas enormes. A lo mejor llevan un Chanel de los años 60 pero sigue sentándoles bien». La autora de Manolito Gafotas afirma que a los ochenta apostará también por la excentricidad: «Creo que a determinada edad hay que soltarse. Me imagino con una melena blanca como Carmen Dell’Orefice o grandes gafas como Iris Apfel».

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Elvira Lindo, autora de Manolito Gafotas y Noches sin dormir

Sobre su gusto por la moda, Elvira Lindo matiza que: «Los desfiles y todo ese mundo no me gustan nada. Son agresivos, clasistas, excluyen a todo aquel que no es nadie. A veces la moda está sobrevalorada. Sin embargo, me gusta mucho la ropa». En cuanto a sus referentes de estilo, las mujeres de su familia y algunas actrices de los años 50, 60 y 70 han sido su fuente de inspiración: «Mi madre era una mujer muy femenina, con poco decía mucho. También tenía una tía, modista, que se salía de lo convencional. Se pintaba el rabillo del ojo, llevaba melenita, se parecía a Silvana Mangano. Y luego, de adolescente, me gustaban las mujeres que tenían algo hippy como Jane Birkin en Francia o Emma Cohen en España». Para la escritora, la belleza femenina, no supone una amenaza: «El hecho de que algunos hombres hagan caso a una mujer jaquetona y, a la que es menos espectacular, no, puede ser la causa de que algunas mujeres sientan incomodidad ante la belleza de otras. Ese nunca ha sido mi caso. Siempre me han atraído mucho las mujeres con estilo, no las que tienen una belleza vacía».

«Michelle Obama es atractivísima»

La autora de Lo que me queda por vivir o Una palabra tuya se confiesa admiradora de Chanel, Gucci o Yves Saint-Laurent aunque «No todo lo que te gusta tiene que ser para ti, además, no tengo dinero para comprar ropa de estas firmas. Lo que veo habitualmente son los escaparates». También declara su admiración por las mujeres francesas como Catherine Deneuve, que tienen una elegancia clásica; por las italianas, que son exuberantes; y por las norteamericanas, que cultivan magistralmente la extravagancia. Entre las americanas, Elvira Lindo destaca la figura de Michelle Obama. La primera dama es admirable tanto por su estilo como por su trayectoria personal y profesional: «Me parece atractivísima.Tiene ese esqueleto tan grande movido con tanta gracia y swing. Tiene una forma de reirse mucho más abierta y de estar seria mucho más grave, una expresividad muy particular. Es una mujer que ha luchado tanto en la vida… Hasta este momento no habíamos conocido primeras damas tan determinadas, valientes, estudiosas y constantes. No es una mujer que se arredre ante las dificultades».

Entre 2004 y 2015 ha alternado largas temporadas en Manhattan y Madrid, siempre valorándolas con espíritu amable pero objetivo: «Nueva York y Madrid se parecen porque son ciudades de las que la gente habla mal y bien todo el tiempo, y no pasa nada. Nueva York es una ciudad en la que la cultura popular ha hecho una labor tremenda para que lo bonito y lo feo, lo cutre y lo sublime, sean asimilados inmediatamente por quien llega. Siento mucho cariño por la ciudad, pero también la valoro con prevención y sentido crítico». Fruto de sus reflexiones sobre Nueva York escribió los libros Lugares que no quiero compartir con nadie y Noches sin dormir, también un guion de cine que se convirtió en la película La vida inesperada, protagonizada por su gran amigo Javier Cámara, centenares de artículos para la prensa y colaboraciones de radio.

«Mi meta:  tener por fin mi casa»

El humor, rasgo distintivo de Elvira Lindo, supone para la escritora un don que a veces le ha pesado como una losa pero en muchas ocasiones ha sabido utilizar como elemento primordial de su creación literaria: «Yo tenía gracia desde pequeña, no era voluntario y no siempre era lo que yo quería. Además, era la menor y a veces notaba que no me tomaban en serio. Ya de mayor, lo he utilizado como un recurso, es como una especie de don, como un arma que está siempre latente. A mí me gusta el humor mezclado con otras cosas y creo que es ahí donde notas que te deja un poso». Con ese humor, a veces evidente y a veces sutil, la autora trabaja en un nuevo guion para el cine. Esa es su mayor meta en el terreno profesional. En el personal, afirma sin dudarlo: «Tener por fin mi casa».

Texto y fotografías: Abel Lacruz

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